Laura Brinkmann La luz también se pudre

Inauguración: Jueves, 18 de septiembre de 2014 a partir de las 20:30 horas
Exposición: del 18 de septiembre al 15 de noviembre de 2014
 

LAURA BRINKMANN. NATURALEZA COTIDIANA, NATURALEZA MUERTA Y FOTOGRAFÍA

 

NATURALEZA Y FOTOGRAFÍA

Resulta curioso comenzar a escribir sobre bodegones desde el jardín botánico más vetusto de Gran Bretaña, donde la naturaleza se te presenta a bocajarro. En este paisaje de novela romántica, tremendamente ordenado pese a ser un jardín inglés, hay un espacio dedicado a las plantas salvajes. Las formas antojadizas que dibujan los arbustos hacen de este tramo el menos visitado por los turistas, más entretenidos en captar, cámara en mano, escenarios bucólicos de parterres recortados “al milímetro” y estatuas de corte clásico.  Fijándome en aquello, reparé en un personaje que paseó por este parque y el colindante de Christ Church transformando sus recuerdos en calotipos: Sir William Fox Talbot. Este pionero de la fotografía observó con persistencia la naturaleza, no siendo una casualidad que su libro ilustrado se titulase así, The Pencil of Nature, aunque en la práctica se tratara de un compendio de caprichos que iban desde la misteriosa puerta con la escoba inclinada, hasta los bordados de un retal de tela casera. 

 

NATURALEZA COTIDIANA

La observación de una naturaleza cercana ha conformado el motivo de los últimos trabajos de Laura Brinkmann. Su mirada hacia este devenir naturalista ha estado condicionada por las especiales circunstancias que han rodeado el proceso de creación, un momento de obligada espera en la que los tiempos no son los mismos, ni vuelven a serlos. La pintura no acostumbra a representar a la Virgen embarazada pero, si lo hiciera, con toda probabilidad lo haría en un jardín; así ocurre con las maternidades, donde la escena suele albergar a la madre con su retoño en brazos, en un paisaje natural acotado por cercos o murallas que parecen protegerlos de cualquier peligro.

El jardín de la artista es, en este caso, el lugar de espera, el espacio de trabajo, el punto de partida de sus obras y la cantera para materiales de los que se sirve, bien para integrarlos directamente en alguna pieza –dípticos de pequeño formato compuestos de una fotografía y semillas, tierra, yedra u hojas de higuera- o para crear soportes, como en el caso del bambú sin tratar, que transforma en una pantalla donde se proyecta naturaleza sobre naturaleza. Esta misma mirada hacia lo cotidiano propicia la creación de obras con un marcado protagonismo de la huella, como “Estratos de sombras”, “Sedimentos I y II” o “Claves de luces y sombras”; en ellas destaca el efecto pictórico de la fotografía, tangible, plástico, que consigue por medio de la luz -que hace emerger las texturas- y de los encuadres, que generan imágenes que rozan la abstracción.

 

NATURALEZA MUERTA

La alianza entre fotografía y pintura existe en la obra de Laura Brinkmann desde el momento en el que sus bodegones son, en esencia, barrocos. El silencio de las naturalezas muertas de tradición española, la oscuridad de los fondos neutros rotos por una luz dirigida -como de foco de teatro-  y la presencia determinante de la muerte encarnada en el cadáver de un pájaro  o en un puñado de hojas secas, está presente. El engaño y la artificiosidad, también. En sus “Estudios de la naturaleza”, Brinkmann ofrece la imagen de la fuente y, tras ella, variaciones manipuladas y descontextualizadas, convertidas en estampas de tal perfección formal, que hacen sospechar de su verosimilitud. El revelado mediante la inyección de tinta completa este resultado inquietantemente perfecto. Son, pues, imágenes cuidadas, pulcras, preciosistas… la presentación de la muerte bella, de la belleza del cadáver, de la exhibición de la muerte cómo sólo puede mostrarse mediante lenguajes artísticos, bajo el amparo del arte.

 

Hace 175 años y 10 días que Louis Daguerre afirmó en una sesión de la Academia de las Ciencias de Francia que, con su novedoso proceso fotográfico, daba a la naturaleza el poder de reproducirse. Talbot imaginó lo bello que sería poder fijar esas imágenes y volverlas duraderas. A partir de ahí, la naturaleza ha seguido hipnotizando y haciendo creer al fotógrafo que es sólo suya, el espectador sabe que no, que es su observación la que sigue generando arte.

 

María Jesús Martínez Silvente

Oxford, 9 de agosto 2014