EXPOSICIÓN ACTUAL
Manuel León

Cultura Vegetativa
Jueves, 15 de septiembre de 2016 a partir de las 20.30 hs.
del 15 de septiembre al 03 de diciembre de 2016

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Escuchando en las pinturas de Manuel León.

 

“Ciertamente, y muy importante en el sentido propuesto por Deleuze, ningún arte es figurativo porque no se trata tanto de reproducir o de inventar formas como, en palabras suyas, de captar fuerzas, de sentir la gravedad o la atracción que tira de un rostro, de un cuerpo o de un paisaje hacia su confín, hacia su extremo.” Ramón de Andrés en “El Luthier de Delft. Música, pintura y ciencia en tiempos de Vermeer y Spinoza”. Acantilado. 2013 ¿ESCUCHARON? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue el día, era noche. Y noche será el día que será el día. Subcomandante Insurgente Marcos. México, Diciembre del 2012.

Limpia tus oídos.

La escucha equilibra, no es algo solo a nivel filosófico, los oídos sirven para que nuestro cuerpo pueda situarse. Las orejas no se cierran, no tienen párpados. Escuchar es algo que hacemos hasta en el útero de nuestras madres. La escucha nos posiciona en el mundo y manipular la escucha es uno de los recursos habituales para el control. El sonido es inmaterial, puede fijarse en soportes pero, es como las cenizas, no puedes tocarlas. Se esfuman.

Si como ciudadanía la educación visual crítica que recibimos es algo en manos de los medios de comunicación y de algunos profesores de artes (hasta que desaparezcan del sistema), la educación relacionada con la escucha es una quimera. No es momento de lamentarse en exceso porque este texto no va a resolver los dilemas de una sociedad sorda, o no va directamente de eso. Cuidado con los sonidos del fondo.

En términos narrativos la obra de Manuel León se nos presenta como una suerte de pinturas, dibujos, acuarelas y personajes que viven en la yuxtaposición y en la repetición. No descubrimos nada si comentamos brevemente que la pintura de Manuel León juega con la composición alegórica. Remezcla, reutiliza y rehace a partir de imágenes que, si escarbas, encuentras en la historia del arte. Es un artista enciclopédico que no esconde sus fuentes.

En "Santa María de Massmedia" (2013) encontramos uno de los cuadros que motivan el objetivo de este pequeño estudio sobre la obra de Manuel León. Dos mujeres, con capirote de nazareno están hablándose, cuchicheando tal vez. En la escena otra persona que parece señalar algo que ocurre está al margen de esta conversación. Al fondo, por una ventana, vemos dos rascacielos, son las torres gemelas. No está de más decir que los capirotes son una representación de la estación de penitencia que normalmente se hace con voto de silencio, ambas cosas han quedado subvertidas aquí: han dejado ya la careta para pasar a la acción real. En estos actos de escucha podemos encontrar representados de manera muy gráfica la corrupción del sistema. Y creo que es ahí, en esa oscuridad siniestra de las acuarelas de Manuel León donde se están representando instancias de poder, no para ridiculizarlas (como podría parecer en el humor inicial de las primeras acuarelas) sino para señalarlas y contarlas. Que en este cuadro, la figura de la izquierda intente llevar la razón (pañuelo rojo) en un fondo pre 11S dice mucho del lugar en el que están estos personajes. Cabría preguntarse si ese secreto, ese consejo en voz baja, esa mentira al oído no es la misma que está representada en la tradicional iconografía católica de San Juan junto a la Virgen. Suena una campana y una sirena.

Estos gestos están recogidos de la “Semíramis recibiendo la noticia de la revuelta de Babilonia” (1624) pintada por el pintor italiano Guercino, Semíramis, la reina de Asiria, y según las leyendas fundadora de Babilonia, recibe la noticia de una revuelta y no deja que la terminen de peinar hasta que no da la orden de que el ejército aplaste la revuelta. Geopolítica doméstica. En “¿Democracia Real ya?” (2013) un óleo que representa a otra mujer en posición de escucha con la cabeza levemente girada recuerda a la leyenda del flautista de Hamelin, en el cuadro no aparece la flauta pero podría tenerla. ¿A dónde nos lleva este “canto de sirena” de la democracia? ¿O es el mal el que suena por el instrumento de viento? ¿Escuchamos la flauta aleccionadora y dejamos de reclamar individualmente lo colectivo? El título, aunque sea una pregunta, no genera ningún tipo de duda, sirve para pensar que de alguna manera en estos años después del 15M la forma de pintar, la forma de hacer, ha cambiado.

La figuras que hablan y escuchan sobre la situación política que nos rodea ya estaban también en dos acuarelas del año 2012, son “Bukkake a Europa” (2012), quizás con una actitud más violenta, y "Del dicho al hecho" (2012) que forma parte del interior del vinilo “Un gramo de fe” del grupo Pony Bravo. En esta segunda acuarela, quizás porque ilustra el trabajo del grupo y su función, la de Manuel León, reconocida como asesor artístico del mismo, aparece una guitarra eléctrica entre otros elementos de un ajuar de tres nazarenas. En una de ellas se lee la inscripción latina “A POSSE AD ESSE”, del dicho al hecho, de la potencia al ser. Vamos a ello.

La pintura que suena

Entre muchas de las batallas adanistas y totalitarias que plantean los futuristas de primeros del siglo XX hay una que nos interesa ahora para los pintores futuristas; Carrà sobre todo, toda la pintura anterior a él es pintura sin sonido, silenciosa, es el pasado, en tono despectivo, es el pasado muerto y sin interés. La negación de la historia es la forma de hacerse un hueco en ella.

En cuanto al uso del ruido como expresión artística ya sabemos que el Futurismo es clave, los trabajos sonoros del propio Russolo son reconocidos como esenciales para entender el arte sonoro. Aún así partimos de aquí, como hace David Toop en “Resonancia Siniestra” (2013), libro que orillaremos un poco para entender la pintura de Manuel León, para refutar la idea de que la representación del sonido, la escucha y lo sonoro es algo muy anterior a las pinturas de los futuristas, por ejemplo “Relámpago” (1910) de Russolo.

En “Ways of Seeing” de John Berger, tanto en la serie documental que hizo en 1972 para la BBC como en el libro posterior se hace una afirmación tajante al mismo tiempo que perturbadora: “Lo más importante sobre las pinturas en sí mismas es que sus imágenes son quietas y silenciosas. No puedo demostrar la quietud de las imágenes porque las líneas de tu televisor nunca están quietas y en un sentido, las páginas de un libro nunca están quietas pero puedo demostrar el silencio: [el narrador se calla y aparecen algunos cuadros sin ningún tipo de música o voz]”. Lo perturbador es que para Berger eso sea silencio porque en la propia banda sonora de la serie de televisión la ausencia de voz y música revela un ruido de fondo que en los televisores de la época se acrecienta. Este desliz técnico pone en cuarentena el armazón crítico de Berger y aunque su planteamiento es que el contexto de recepción de los cuadros altera el significado de los mismos no podemos permitir esta omisión sobre algo que ya estaba claro: el silencio no existe. Y lo que vamos a intentar es poner en valor que muchos pintores han trabajado el sonido, el silencio y la escucha de una manera mucho más compleja que la visión, valga la redundancia, de Berger.

David Toop también entra en la misma diatriba con Berger, en una entrevista promocionando el libro “Resonancia Siniestra” llegó a reconocer que de alguna forma escribía este libro como una respuesta a “Modos de Ver”:

"Uno fue el título, que me llevó a preguntarme por qué no existía un Modos de oír. Había allí un hueco. El segundo fue la afirmación de Berger de que ver es un acto primario. Él piensa que la visión es el primer acto del ser humano, aun cuando un bebé oye sin ver incluso antes del nacimiento. El tercero fue el uso que Berger hace de la palabra "silencio"; el silencio, por ejemplo, en Vermeer. En principio esto parece discutible. Ciertos pintores, Vermeer entre ellos, crearon escenas que emanan una quietud y un silencio palpables. Pero una vez más: si toda pintura es silenciosa, ¿por qué algunas lo serían más que otras? Todo esto me hizo considerar la pintura del silencio como una representación consciente y a buscar otras pinturas en las cuales el silencio tiene una función significativa."

Una de las primeras conversaciones con Manuel León sobre este pequeño estudio de la escucha en su pintura tuvo lugar en una visita familiar al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Mientras paseábamos nos paramos en uno de los cuadros que pintó Zurbarán para el Monasterio de los monjes cartujos: “La visita de San Bruno al papa Urbano II” (1655). En él vemos a San Bruno, fundador de la Orden de los Cartujos, junto al papa Urbano II en lo que parece una reunión. Una reunión silenciosa, sin duda. Pero más allá de la representación del silencio en la figura de San Bruno tanto en Zurbarán como en los lienzos murales del Museo del Prado de Vicente Carducho que darían para otro estudio nos quedamos observando a uno de los sirvientes de Urbano II. Hay uno de ellos pegado a una columna que antes de parecer que está a sus cosas se le nota el cuerpo en alerta ¿quizás esperando alguna indicación del pontífice?, ¿tiene una posición de seguridad? o ¿quizás está queriendo escuchar lo que no debe? ¿un espía en el Vaticano? Sabemos que es una época convulsa pero ese gesto, probablemente de escucha furtiva, lo que nos conecta directamente con las pinturas de Nicholas Maes.

Nicholas Maes es un pintor holandés, también del siglo XVII, que representa en varias de sus obras una figura interesante: la oyente furtiva The Eavesdropper (1657) ,algo así como una fisgona, suele ser una mujer sirvienta, que aparece como protagonista de una escena de amor, que está en segundo o tercer plano. Ya es interesante este cambio de perspectiva en cuanto a los diferentes planos de protagonismo pero sobre todo es la clave que encontró Toop en su búsqueda de argumentos contra el “Modos de Ver” de Berger, "[las pinturas de Maes] son el ejemplo perfecto (...). Estas pinturas muestran explícitamente a una persona en el acto de escuchar; se me ocurrió entonces la idea de concebir a la pintura como registro, como grabador de cinta o digital de su tiempo.”

¿A qué suena Cultura Vegetativa?

La escucha furtiva es una forma de hablar de sensualidad y erotismo en la pintura del siglo XVII. Hay cientos de escritos sobre el simbolismo de la pintura europea. Manuel León sigue trabajando por ahí, no lo esconde, a veces más bien intenta explicarlo una y otra vez aunque algunos estudios o comentarios de su obra se queden en lo superficial. En el óleo que centra esta exposición “Cultura y Deportes” (2016) y en las acuarelas que lo acompañan podemos encontrar algunas actitudes de escucha. Cuando ya el capirote se cayó nos dimos cuenta que dentro siempre había estado él, aparecen varios autorretratos, también en este cuadro, pero de las túnicas también salió un Fran Torres multiplicado con muchas cosas que decir. Es de especial interés volver a “Abarruntando un agua rara” (2014) una acuarela donde el personaje mira las nubes mientras escucha la tormenta o también “The True prophet” (2014) donde Fran Torres adopta una posición de escucha serena en un cielo que podría conectarse con algunos de los cielos, de los fondos, que aparecen en esta exposición.

Fran Torres, actor, DJ y amigo del pintor, lleva posando para León un par de años llegando a cotas histriónicas. Es el cuerpo de Fran Torres el más representado en las composiciones de Manuel León. Cuerpos desafiantes, cuerpos que reposan, cuerpos que incitan, cuerpos que se ríen, cuerpos que sufren, cuerpos que gritan, cuerpos que dan órdenes, cuerpos que escuchan.

Es Ramón Andrés, en “El luthier de Delft”, el que hace un extenso relato de cómo la representación musical de los cuadros de la pintura holandesa del siglo XVII no es solo detallista con los instrumentos sino que en el acto de afinar el instrumento (algo importante ya que desafinar es una forma de representar el caos y no la armonía) se retrata el cuerpo que escucha:

“Por más que sea una fabulación, podemos imaginar a los pintores guardando un especial silencio a la hora de recrear la acción de afinar, mantener una particular observación al dibujar los dedos sujetando la clavija y perfilar la inclinación que adopta el cuello del músico, ese gesto inconsciente que acerca a la escucha. Esta disposición a querer “oirlo todo” incide en la postura corporal, levemente tensionada por el sigilo y la atención (...).”

Esta idea de los cuerpos en posición de afinar nos vuelve a conectar con algunas obras anteriores a “Cultura y Deportes” donde ya está un Fran Torres que escucha con el cuerpo: en “Ciegos que guían ciegos” (2014) dos nazarenos hablan al oído en segundo plano mientras el resto intenta orientarse en su propia oscuridad usando el tacto y la escucha. Se tocan y se escuchan. En “El traslado, primer paso” (2014) y de manera mucho más clara en “El milagro a domicilio” (2014) aparece un Fran Torres tapándose las orejas entre el asombro y el querer escuchar lo que está pasando.

Las posturas de Fran Torres, que aparecen en acuarelas de pequeño y medio formato, repetidas también en diferentes óleos, pueden tener sentido narrativo por sí mismas. Cada personaje, cada posición, está acompañado de su propia historia y también de su propio sonido, por su propia música. Pueden ser múltiples las referencias e infinitas las menciones a la discoteca personal de Manuel León pero nos interesa ahora imaginar cómo estos personajes están escuchando y no tanto el qué.

Como diría David Toop podemos afirmar que Manuel León está haciendo registros sonoros en sus pinturas, ya sea en los cuerpos de algunos de sus óleos como en las primeras acuarelas más pegadas a lo musical. Que lo haga quizás no sea importante, que eso forme parte importante de su pintura es lo que yo intento aportar en este pequeño estudio.

“Mi mayor aspiración sería ayudar a la gente a redescubrir el placer de vivir en una ciudad donde nadie te fuese dando empujones sónicos ni sonoras bofetadas, y ello como paso previo para habitar mejor el mundo”, así piensa el conocido artista sonoro, más bien “maestro de escuchas” como a él le gusta autodenominarse, Llorenç Barber. Y ahí está, para mi, la clave. Escuchar en los cuadros de Manuel León hace mucho para que el mundo sea mejor. Escuchar en cultura vegetativa es también entender que la naturaleza está en declive pero que la cultura está a punto de arder para siempre. Estamos viviendo en lo político y lo social un momento inhóspito. Los últimos estudios científicos hablan de que el daño humano al planeta con la bomba atómica, la contaminación, los incendios nos ha hecho entrar en una nueva etapa geológica: el antropoceno. ¿No es ya “Juicio de interés variable” (2014) y “En el vicio y la virtud” la exposición que ya estuvo en Javier Marín en 2013 una intuición de Manuel León sobre todo esto? o ¿No es ya una época en la que, como reza el libro que aparece en “El niño de oro” (2016), retrato de Niño de Elche, estamos al borde del ecocidio? Que en Cultura Vegetativa aparezca de nuevo con fuerza el paisaje es un signo más de una búsqueda de reconciliación humilde con el medio natural, no es una sensación nueva, esto ya lo produce la colección de dibujos recogidas “Cuaderno de enero” (2011) con la flora y fauna de Manuel León en pleno esplendor. En esa diatriba se mueve Fran Torres, que parece representar la escucha de ese mundo que se derrumba en palabras del Subcomandante Marcos. ¿Escucharon?

Las costillas de Adán, la planta preferida de Manuel León y representada en esta exposición en 8 acuarelas, tiene por nombre científico “Monstera deliciosa”, monstera por monstruosa, sus hojas son grandes e histriónicas, y deliciosa por un fruto que tiene algunos usos medicinales en su lugar de origen México y norte de Argentina.

Decíamos ¿a qué suena cultura vegetativa? a una monstruosidad (gritos, desesperación, ignominia) deliciosa. Permanezca a la escucha.

Pedro Jiménez Álvarez

http://petroglifo.zemos98.org

http://manueleon.com/+/escucha.pdf


Martínez Bellido

Sam Wright
Viernes, 23 de septiembre de 2016, a partir de las 20.30 hs.
del 23 de septiembre al 26 de noviembre de 2016

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Correspondencias verticales

Llevo toda la vida buscando realidades que me abrieran posibilidades de desplegar mis recursos para construir una historia, y sé, desde hace tiempo, que solo a través del arte actual podemos llegar a reflexionar sobre una propuesta acotada, poniendo en ella todo aquello que en ese momento somos, los recursos que tenemos en la mochila, y expandirnos para discernir aquello que deseamos o de lo que nos vemos capaces, obligándonos, incluso, a poner a prueba nuestro propio ingenio para resolver el asunto que tenemos en frente de nosotros mismos.

La exactitud que permite la fotografía, vincula a su contenido con conceptos como descripción, narración o representación, y eso es una realidad incuestionable, más aún cuando las instantáneas de las que hablamos, datan del primer cuarto del siglo XX, valor que la aleja de cualquier programa informático de edición, pero, no en esencia, del manejo humano. Martínez Bellido (Cádiz, 1992) manipula las imágenes que constituyen esta exposición para abrir un campo al imaginario desprovisto de la identidad del protagonista y del artífice para mostrarnos un espacio espectral y virgen que espera, más que la lectura del espectador, su propia reescritura.

Esta es - o, mejor dicho, fue- la historia de Sam Wright, el álbum de un individuo que existió y cuya presencia ha quedado subrogada por el artista a sus propios momentos, actuando éste como un mago capaz de construir con su propia sensibilidad una realidad paralela. En las imágenes, existen analogías que son más elocuentes como significantes, que por sus propios significados, pero que, en cualquier caso, establecen principios de esquemas, socialmente construidos que funcionan limpiamente como productos mentales. Corresponder(se) es el acto de relacionar, de buscar sentidos equivalentes. La verticalidad alude a la firmeza y convicción férrea acerca de lo que visiblemente nos rodea, hablamos de realidades e identidades que son descartadas en favor de los estímulos. Una forma de revisar las propias circunstancias del hombre.

El artista actúa como intermediario entre la naturaleza y el hombre ofreciendo una visión idealista del mundo. Lo natural y lo supra-real como un oxímoron personal creado para obligarnos a descifrar los signos de una representación oculta de los conceptos vinculados a las circunstancias. Aquí se pierde el elemento principal, el elemento clave, dando a la imagen un sentido totalmente diferente, casi fantasmagórico, que invita a profundizar más si cabe, en su propia idea.

Vemos en la fotografía lo que realmente somos, a partir de la ausencia del hombre, y con ello, una especie de apertura al delirio que encuentra vínculo y apoyo entre sí por la presencia de un elemento omnipresente: el agua. Tenemos el tiempo y el lugar para construir nuestro propio mundo a través del de las experiencias ajenas.

Cuando lo espiritual permanece en una realidad misteriosa, global, fugaz e indistinta, la imagen gana en proximidad, intimidad y elocuencia, se desmontan las previas historias sobre las que habían sido creadas, y se le da solidez al tiempo por excelencia de la imagen líquida. Se abre el campo de la función existencial que encierra al hombre en sus límites tangibles y revisados. Hemos iniciado un viaje atemporal. Al fin y al cabo, se trata de eso: reinterpretar la memoria.

Patricia Bueno del Río

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