Carlos Schwartz
Más luz |
| Texto: Dar a luz (artificial) |
Más luz es una reunión de alumbramientos. En cada una de estas
piezas se alumbra un mundo artificial del mismo modo que la
historia del arte fue durante siglos la iluminación de un mundo
natural mediante la realización de una copia, un reflejo, una
reproducción. (La historia del arte mimético es la historia de la
luz natural porque es la historia de un arte de subordinación a las
leyes de Dios. La culminación moderna de la muerte de Dios es el
triunfo -técnico- de la luz artificial y del arte abstracto o ateo:
ahí empieza la contemporaneidad). Estas obras de Carlos Schwartz
son orígenes de mundos artificiales por definir, por significar,
por determinar. Y es esta imprecisión la que les otorga un fuerte
valor poético: la fragilidad material de estas obras soportan el
peso de lo que podríamos llamar una poderosa fragilidad de
definición. Porque son mundos nacientes, estas pequeñas
configuraciones son mundos indefinidos y sugerentes. Porque estas
obras buscan dar a luz (crear configuraciones o mundos), evitan
precisar su sentido. Cuanto hay en ellas de cosmogonías es cuanto
no hay en ellas de cosmologías.
La historia occidental de las ideas estéticas
incorpora importantes capítulos dedicados a la luz. El primero,
entre el último helenismo y las incipientes estéticas metafísicas
medievales, surge como reacción a los geometrismos de procedencia
pitagórica reconociendo que, más allá de las formas perfectas y las
medidas exactas, hay en la naturaleza de la luz una poética del
acogimiento y el recogimiento; que, además de iluminar con la razón
-desde el exterior a lo ya existente-, la luz es energía que acoge
y alumbra, que fertiliza mundos. Estas obras de Carlos Schwartz,
pertenecientes a este extenso linaje que hace de la luz un
principio de creación (frente al que hace de ella un principio de
razón), pueden ser tomadas como interesantes ars poeticas:
alegorías de la creación artística -artificial- y metáforas de cómo
todos los mundos de la contemporaneidad reposan en la contingencia
de la artificialidad. Carlos Schwartz da a luz las palabras y las
cosas, alumbra sin cese lo que dejó de permanecer iluminado. Estas
piezas son sutiles nacimientos sostenidos en el titubeo y la
imprecisión. Están en el momento de lo tenue, de lo todavía sin
suficiente claridad pero ya sin la plena oscuridad. De ahí cuanto
tienen de inaprehensibles estas luces eléctricas que no sólo no
pueden asirse por la simple razón de su intactilidad sino que, por
su estricta artificialidad, se nos descubren ajenas y por tanto
sagradas. La luz no se toca y tampoco se coge para que el mundo
nazca ante nuestros ojos y no entre nuestros dedos. Lo mejor es
cómo estas obras se hacen sagradas no ejándose tocar.
La sacralidad del artificio o el último Prometeo.
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| Luis Pueller Romero |
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